viernes 10 de julio de 2009

Las tribulaciones de Wilt, Tom Sharpe

Aunque ni el buen humor ni el internet (que ahora sí que no tengo -escribo esto chupando del wifi de un hospital-) me acompañan, quiero postear este texto.
Una promesa es una promesa.




Me parece muy extraño que nunca se haya llevado la saga literaria de Wilt al cine. No sé porqué, me lo imagino interpretado por Dustin Hoffman -cuando era joven- o por Peter Sellers. De ser yo ministro de cultura, ordenaría convertir a este (anti)héroe del autor Tom Sharpe en una lectura obligatoria en secundaria.
Si alguien no conoce las desventuras de Wilt, las explicaré un poco:
Henry Wilt es un pesimista e incomprendido tutor de Artes Liberales en un desquiciado centro politécnico británico, donde los alumnos, parodias extremas aunque tristemente verosímiles de la juventud estudiantil real, son clasificados crudamente como Carne 1, Yeseros 3, Costureras 2... y un sinnúmero más de despropósitos. A los indomables alumnos se suma un polarizado claustro de profesores, mas el subdirector y el director del centro, abarcando así desde el típico dictadorzuelo de despacho (el doctor Mayfield) hasta el más pasota e hiriente, defensor del torturado Wilt (el doctor Board, sin duda el más descojonante del centro gracias a sus comentarios). A la gris vida del pobre Wilt como docente, tratando de dotar de alguna sensibilidad intelectual a Carne 1 mandándoles leer "El señor de las moscas", se suman los eternos y cambiantes pasatiempos de su titánica esposa, un auténtico "monumento" de mujer -siempre la he imaginado como la Ofelia de Ibáñez- llamada, no sé si con un sentido bastante profundo, Eva.
La única manera de ahogar las penas existenciales para Wilt es emborracharse en un pub junto a su eterno y casi único amigo, Peter Braintree, la única persona a la que puede explicar abiertamente sus pensamientos más antisociales.
Aunque su aburrida paz nunca dura demasiado, ya que en cada entrega de la saga, bien buscándola conscientemente o simplemente estando en el sitio equivocado a la peor hora, Wilt termina siempre en mitad de una surrealista catástrofe que alcanza repercusiones nacionales.
Tom Sharpe, como autor, es un genio, ya que con la saga Wilt ha seguido una pauta magnífica: crear un protagonista inmutable -o casi inmutable- para poder introducirlo siempre que quiere en una nueva aventura, diferente a las anteriores. Como buena saga sigue una estructura definida, que esencialmente siempre es la misma, y que el lector fiel agradece inconscientemente, pues continuamente obtiene lo que espera del personaje. Vamos a ver:
.El punto de partida suele ser una minitrama relacionada con la escuela politécnica donde Wilt trabaja, mostrándonos un nuevo enfrentamiento entre profesores reaccionarios y profesores antisistema, con los devaríos del alumnado de por medio.
.En cada entrega, la rotunda Eva Wilt adopta una nueva neurosis como pasatiempo, ya sea un nuevo estilo de vida o una religión alternativa, atormentando de esa manera a su pobre marido.
.En el segundo tomo surgen las cuatrillizas hijas de Wilt, que actúan como un destructivo apéndice de su madre y añaden tentaciones infanticidas a la mente del pobre Henry y vecinos.
.El inspector Flint, némesis de Wilt, aparece de manera fortuita para volver a intentar vengarse del sufrido protagonista -y leyendo el primer libro de la saga puede entenderse porqué-.
.Nunca faltan desnudos, tanto de Wilt como de Eva, que por una cosa o por otra terminan sin ropa ante el vecindario -normalmente con la picha del pobre Henry escarificada o dolorosamente hinchada a causa de una sobredosis de afrodisíaco-.
.Por último, en cada libro Wilt cae presa de una catástrofe, bien sea el problema de la mítica muñeca hinchable, el secuestro de unos incongruentes terroristas germanos, o el caos desatado en la base militar americana de la zona.
"Las tribulaciones de Wilt", el segundo de la saga -me he leído los tres primeros en desorden; este es el último que ha caído en mis manos, y me falta el cuarto-, arremete contra el sinsentido y el ridículo de los terroristas internacionales. Mientras en el politécnico, los alumnos de Artes Liberales se dedican a realizar una película donde sodomizan a un cocodrilo como protesta simbólica contra el capitalismo, Wilt debe lidiar en casa con las recién adquiridas manías "alternativas" de Eva, enfrascada en una neurosis de energías renovables, huertos ecológicos, y el inefable "váter orgánico": una suerte de bomba de alimentos en descomposición y metano que amenaza con estallar y pintar toda la casa de marrón. A todo esto se suma la aparición de una exuberante estudiante alemana que alquila el ático de la casa, y que acaba resultando ser una psicótica asesina con aspiraciones libertarias, que arrastrará a Wilt a un esquizofrénico secuestro con las cuatrillizas, el inspector Flint, y una anciana borracha y senil de por medio.
Como digo, aunque la trama de cada novela de Wilt sea diferente, la estructura nunca cambia. Los personajes principales se mantienen, y en cada libro esperamos la aparición de cada uno de ellos para partirnos la caja con sus intervenciones.
Tom Sharpe es humor, ironía brutal. Se ríe de toda la sociedad sin tapujos, hombres y mujeres, rojos o azules, blancos o negros. Con algunas afirmaciones bastante bestias, aunque totalmente sinceras e incontestables, define su estilo provocativo y sutil. Y hay que tener valor para ser un escritor de este tipo: un escritor libre.
Porque soy de la opinión de que deberíamos poder escribir con total libertad de opinión y de pensamiento, sin miedo a criticuchos amargados y escandalosos. Que no pueda juzgarnos nadie más que nuestra conciencia y el lector.
Tengo que darle las gracias una vez más a Bolzano, por descubrirme al personaje de Wilt (y por regalarme los libros, claro). Repito lo que digo siempre, y lo creo de verdad: casi todo lo bueno se hizo antes de nacer yo; por eso, a los de mi edad nos cuesta tanto encontrar cosas decentes que llevarnos a la mente si no miramos hacia atrás.
(P.d.: He empezado a leer otra vez "Bajo el eucalipto", esta vez estudiándolo con boli y libreta en mano, y ahora puedo detectar una sutil ironía como la de Wilt. Je, je, de lo que se come se cría... ;).

jueves 2 de julio de 2009

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams

Coge a Asimov, a George Lucas, a los dos hermanos Wachowski, y fusionalos en un solo cuerpo antes de atarlos a una silla para enloquecerlos después a base de infusiones de rana alucinógena. Para terminar, dale al sujeto papel y lápiz y la obra resultante será muy parecida a esta novela, la "Guía del autoestopista galáctico".
Y es que no he tenido en gusto de leer algo tan loco desde... creo que desde nunca. Humor inglés, del de partirte la caja torácica a trozos. Me apunto esta saga, esta "trilogía en cinco partes" -así es-, junto a las aventuras del sufridísimo Henry Wilt -voy por la mitad de "Las tribulaciones..."-, del corrosivo Tom Sharpe.
Si "Guía del autoestopista galáctico" empieza con la destrucción de la Tierra en doce minutos, crees que eso te da una idea de lo surrealista que va a ser el resto del libro. Pero no. Ni de coña. Es imposible de imaginar.
Rescatados por los cocineros de una nave vogona -vogones, sospechosamente parecidos a los cerdos verdes de la guardia de Jabba el Hutt-, el protagonista humano y su compadre alienígena, un escritor intergaláctico cuyo trabajo consiste en actualizar la guía que da título a la novela, comienzan entonces un trote sin aparente sentido por toda la Galaxia, totalmente desquiciante, que pone patas arriba todos los tópicos de la ciencia ficción habidos y por haber. Paralelamente al humor brutal de la historia en sí, se nos presentan conceptos fascinantes, como la propia guía, compendio de todas las locuras documentadas del espacio; el llamado "pez Babel", insertado en el oído del protagonista y que sirve para entender todas las lenguas extraterrestres -la explicación didáctica sobre el pez Babel es para enmarcar-, o el planeta Magrathea, en su tiempo el más rico del Universo, dedicado a la creación de planetas a medida, ya sean de oro macizo o de gominolas con mujeres desnudas cayendo en paracaídas.
Hay que empezar este libro como toca, pensando: "¿pero cómo coño puede estar pasando esto?". Luego uno asimila la situación, y continúa hacia delante, pero siempre con la sorpresa a vuelta de hoja. La base de la historia es el sinsentido de la ley de la probabilidad, que hace dar tumbos a todos los personajes de manera insospechada.
No revelaré detalles, pero algunas perlas que no hay que perderse del relato son, por ejemplo, la sesión de poesía vogona, los incisos en cursiva de la guía, y muy especialmente el "momento ballena", que es como para considerarla una escena antológica del humor literario.
El libro acaba con final abierto, invitando de esta manera a continuar con el segundo de la saga, "El restaurante del fin del mundo". Por mi parte, desde luego, está fichado.