jueves 2 de julio de 2009

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams

Coge a Asimov, a George Lucas, a los dos hermanos Wachowski, y fusionalos en un solo cuerpo antes de atarlos a una silla para enloquecerlos después a base de infusiones de rana alucinógena. Para terminar, dale al sujeto papel y lápiz y la obra resultante será muy parecida a esta novela, la "Guía del autoestopista galáctico".
Y es que no he tenido en gusto de leer algo tan loco desde... creo que desde nunca. Humor inglés, del de partirte la caja torácica a trozos. Me apunto esta saga, esta "trilogía en cinco partes" -así es-, junto a las aventuras del sufridísimo Henry Wilt -voy por la mitad de "Las tribulaciones..."-, del corrosivo Tom Sharpe.
Si "Guía del autoestopista galáctico" empieza con la destrucción de la Tierra en doce minutos, crees que eso te da una idea de lo surrealista que va a ser el resto del libro. Pero no. Ni de coña. Es imposible de imaginar.
Rescatados por los cocineros de una nave vogona -vogones, sospechosamente parecidos a los cerdos verdes de la guardia de Jabba el Hutt-, el protagonista humano y su compadre alienígena, un escritor intergaláctico cuyo trabajo consiste en actualizar la guía que da título a la novela, comienzan entonces un trote sin aparente sentido por toda la Galaxia, totalmente desquiciante, que pone patas arriba todos los tópicos de la ciencia ficción habidos y por haber. Paralelamente al humor brutal de la historia en sí, se nos presentan conceptos fascinantes, como la propia guía, compendio de todas las locuras documentadas del espacio; el llamado "pez Babel", insertado en el oído del protagonista y que sirve para entender todas las lenguas extraterrestres -la explicación didáctica sobre el pez Babel es para enmarcar-, o el planeta Magrathea, en su tiempo el más rico del Universo, dedicado a la creación de planetas a medida, ya sean de oro macizo o de gominolas con mujeres desnudas cayendo en paracaídas.
Hay que empezar este libro como toca, pensando: "¿pero cómo coño puede estar pasando esto?". Luego uno asimila la situación, y continúa hacia delante, pero siempre con la sorpresa a vuelta de hoja. La base de la historia es el sinsentido de la ley de la probabilidad, que hace dar tumbos a todos los personajes de manera insospechada.
No revelaré detalles, pero algunas perlas que no hay que perderse del relato son, por ejemplo, la sesión de poesía vogona, los incisos en cursiva de la guía, y muy especialmente el "momento ballena", que es como para considerarla una escena antológica del humor literario.
El libro acaba con final abierto, invitando de esta manera a continuar con el segundo de la saga, "El restaurante del fin del mundo". Por mi parte, desde luego, está fichado.

5 Sabias palabras:

Luis Bermer dijo...

Pues, contra todo pronóstico (ya sabes cómo son las adaptaciones, normalmente), la película tiene momentos tronchantes...el abrir y cerrar de las puertas (otro tópico ciencia-ficcionero), sin ir más lejos.

A ver si le echo la garra al libro.

Sonia dijo...

Pues tengo ese libro por casa, sería cosa de ir empezando a leerlo, ya que es tan bueno. :D

Bolzano dijo...

No sabes lo que me alegro de que te gustara, jejeje, tengo buen ojo, eh?
Yo también tengo pendientes los otros de la saga, creo que tendré que desempolvarlos.

Cuidado con la mandíbula, no te se desencaje.

Saludos.

Elizabetha dijo...

Sabes que tengo literatura en cola como para parar un tren , pero si me apetece algo fresco y divertido, echaré mano de tu recomendación.

Rose dijo...

déjame que apunte....entre tú y Bolz me tenéis tol día con el mono!!!! ¿¿¿me queda poco tienpo para leer...qué voy a a hacer???