Metro 2033, Dmitry Glukhovsky

(Contiene spoilers)

Han pasado décadas desde la hecatombe nuclear. Rusia es un oscuro yermo repleto de ruinas y especies mutantes, en el que los últimos humanos se ven forzosamente recluidos en la inmensa red subterránea de metro, donde se han formado innumerables ciudades-refugio, prácticamente una en cada estación. Artyom es un joven y siempre aterrado guardia fronterizo de la estación VDNKh, quien lleva una apática y rutinaria vida hasta que su hogar empieza a ser invadido en constantes oleadas por una nueva y aterradora especie evolucionada a partir de los efectos de la radiación: los (mal) llamados “Negros”. En contra de su voluntad, y para salvar el lugar donde vive, Artyom debe iniciar un viaje a través de toda la red de túneles hasta la legendaria Polis, con el objetivo de dar la voz de alarma sobre esta nueva amenaza.

A ver, por dónde empiezo.
En resumidas cuentas, podría tratarse de un libro con el clásico fallo: buena idea, mal desarrollo. Tal vez se trate de la densidad del escritor ruso, o de que un lector extranjero es incapaz de sentir empatía por la machacona ola de información sobre las estaciones, o una mezcla de ambas cosas. Tras el comienzo y unas cuantas vueltas de hoja, ya estaba más que mareado con el alud de nombres a asimilar, según los asentamientos del metro: Poleshayevskaya, Timiryasevskaya, Filyovskaya, Chekhovskaya, Quesitumadrevskaya… No quiero parecer cazurro, pero creo que a nadie que no viva de toda la vida en Moscú le van a decir bien poco todos estos nombres. Es lo mismo que si yo me lío a escribir una novela con una ruta Palma-Inca-Deiá-Capdepera-Muro-Felanitx-Andratx. Los nombres representarán algo para mí, pero la gran mayoría de lectores diría: “¿ein?”. Supongo que el nombre de las estaciones de metro eran un mal necesario para darle veracidad a la historia, aunque yo lo habría tratado de otra manera, renombrando las estaciones, o directamente dejándolas sin nombre alguno (al fin y al cabo, se trata de un postapocalipsis, décadas en el futuro: ¿es que todo el mundo recuerda el nombre de todos los lugares?). Por suerte, y como gran detalle, la edición del libro incluye en el interior de la portada y la contraportada un completo (y enmarañado) plano con todas las estaciones y la situación que hay en ellas… aunque el libro puede leerse sin mirar ni una sola vez estos planos: de todas formas, te vas a perder igual y no sabrás en algunos momentos por dónde se arrastra Artyom.
Otra cosa que no me ha gustado de Metro 2033 es que tiene 541 páginas… y que el prólogo dura hasta la 329. Al menos para mi gusto. Todo el principio del libro, hasta que comienza lo bueno de verdad, no es más que una novelita de Dragones y Mazmorras en donde no puedes elegir el camino, y el “héroe” (por llamar a Artyom de alguna manera positiva) va optando siempre por las peores y más dolorosas opciones. No se libra de palizas, raptos, intentos de ejecución y hasta la recolecta de mierda. El autor ha intentado crear una “novela-mundo”, haciendo pasar a su personaje de estación en estación prácticamente de manera aleatoria, usándolo de excusa descriptiva, con lo que la coherencia del viaje hasta el objetivo se diluye y llegas a desesperarte. Es como si el bueno de Dmitry no quisiera contarnos un relato, sino forzarnos a seguir su discurso ego-literario, diciéndonos: “mirad, mirad cuántas ideas me he trabajado: os obligo a admirarlas aunque estorben y espesen innecesariamente el argumento”.
Se pierde con interminables divagaciones (a veces Artyom parece de piedra ante un destripamiento, y otras suelta la lagrimita por motivos absurdos para alguien que vive en un mundo en ruinas y muerte). Hay poquísimos enfrentamientos con monstruos, y los esperadísimos mutantes se dejan ver en contadas ocasiones, dejándote siempre con ganas de mucho más. El número de armas, equipamiento y paranoias varias superan en mucho a las criaturas peligrosas que podemos encontrar.

Aunque es injusto decir que el libro es malo del todo. Yo soy el primero que le pego una patada al libro si no me gusta, pero con este decidí hacer un ejercicio de paciencia. Aunque, como he dicho, las trescientas y pico primeras páginas se hacen infumables (porque no hay más que estaciones y estaciones aburridas, personajes planos, aventurillas predecibles y el cansino monólogo interior del protagonista), logran introducirte en la atmósfera de esa Rusia devastada, y cuando por fin se pone interesante (cuando deben salir de misión a la superficie), exclamas “ya era hora, ha merecido la pena”. Hay que saber dosificar entre acción y tiempo explicativo… y Dmitry Glukhovsky no sabe (al menos en esta novela). Por otra parte, hay unas pocas escenas de terror buenísimas, como el viaje a la Biblioteca, los peligrosos paseos de Artyom a solas por las calles, el flashback del ataque de los “Negros” (todo el mundo habría optado más por traducirlos por “Oscuros”, pero se ve que el traductor, Joan Josep Musarra Roca, quería crear polémica porque se aburría), y en especial cuando el protagonista se esconde en una casa, contraviniendo las órdenes de su comandante y su advertencia de que “todas las casas siguen habitadas”. No nos olvidemos tampoco del Kremlin y de que ningún humano puede mirar hacia él, bajo pena de ser atrapado por lo que en él se esconde desde el apocalipsis…
Hay algunos diálogos decentes, sobretodo aquellos que hablan sobre los terroríficos rumores que corren por toda la red de metro, las advertencias sobre los mutantes y demás… y algo muy importante para mí: hay descripciones. Descripciones de ropas, armas, cicatrices, barbas, manos… en fin, descripciones de personajes, algo que parece asustar a la gran mayoría de escritores. ¿Acaso da vergüenza vestir a los personajes, o qué? Brevedad no es sinónimo de anorexia descriptiva, a ver si nos metemos eso en la cabeza. Yo tengo la manía de “componer” a cada personaje en mi imaginación, a veces incluso llego a ponerles caras de actores y voces propias, y si el texto no me da detalles, muy difícilmente puede uno imaginar nada. Por ejemplo, a Artyom casi ni se le describe, y por su cobardía y tontuna me lo imaginé todo el tiempo como un tembloroso y sucio hobbit con Kalashnikov.

En definitiva es un libro al que le sobran muchas páginas, o que no está bien dosificado. Dejémoslo en regular, no totalmente horrible, porque no es así. Es complicado ser original, aún intentarlo, y este caso es un buen intento. Aunque el tema no sea nuevo, situar la acción en Rusia, uno de los mayores monstruos atómicos de todos los tiempos, es un detallazo, y se nota que el autor ha trabajado sobre esa hipotética realidad a conciencia.

Ahora las dos valoraciones obligatorias.
Lo peor: ¡que no hay ni un solo personaje femenino relevante! No puedes escribir una aventura de más de quinientas páginas sin meter una chica, bien como contrapunto del protagonista, bien como motivación, o como la propia protagonista. Tanto tío sucio llega a agotar la mirada, no hay contraste (por ejemplo, se podría haber transformado al recio personaje de Hunter en una pedazo de rusa valiente de armas tomar que sacase los colores al pardillo de Artyom).
Sobretodo, también hay algo, en el final… que sí, es un buen final… pero ya se hizo antes. ¡ATENCIÓN SPOILER! Concretamente, en “El juego de Ender” (la fórmula de “esos monstruos que supuestamente vienen a masacrarnos en realidad lo único que quieren es paz y fraternidad”).
Tercer punto, sobre lo peor del libro: la poca gracia Artyom, con el cual solo empatizas, literalmente, en las últimas líneas.

Lo mejor: las tres o cuatro escenas terroríficas, estupendamente conseguidas.
La visión y las criaturas de la superficie de Moscú.
El personaje de Hunter (al cual habría hecho protagonista, la verdad).

Metro 2033 no es ni siquiera la sombra de “La carretera”, “Soy leyenda” o videojuegos tipo Fallout y películas a lo Mad Max… pero el bueno de Dmitry lo ha intentado. Siempre hay que intentarlo, sí señor.

5 Comenta y tendrás buen karma!:

Sergio José dijo...

Pues a mí este libro me encantó, y no se me hizo infumable en ningún momento. Los paseos por las estaciones me encantaron: daba verdadero miedo, pues era muy descriptivo. A mí me pareció un muy buen libro, con un grandísimo final (aunque por lo visto está un poco calcado).
Con lo que sí estoy de acuerdo es en que los nombres de las estaciones son engorrosos, y no ayudan en nada. Y en que Artyom es más soso que una piedra.
Andreu, en Metro 2034 uno de los protas es Hunter XD. Eso sí, si no te gustó mucho el primero, este segundo libro es peor.
Lo bueno de Dimitry es que le ha gustado escribirlo, es fan de Fallout (desde los primeros), y un detalle muy bueno fue que al principio la novela la escribió por capítulos en un blog, creo. Y gracias al éxito que tuvo la publicó.

Andreu Romero dijo...

Se nota que ha jugado a los Fallout, tiene alguna frase sospechosamente parecida a "La guerra no cambia nunca", incluso ^^. No sé, yo esperaba más terror, más crudeza... Por eso se me hizo pesado. Un mundo así sería más salvaje y no tan civilizado, creo yo. Hay otro libro sobre monstruos y túneles (aunque túneles de cavernas) llamado "El descenso" (del que hicieron aquella película tan mala, aunque no tiene nada que ver con el libro, salvo el título ^^U). Es mucho más violento y realista. Y ese sí que me encantó. El autor se llama Jeff Long, un tío que no es escritor propiamente dicho, sino alpinista. Es casi desconocido (anda que no me costó dar con el libro). Si tienes oportunidad de encontrarlo alguna vez, disfrutarás :)

Bolzano dijo...

Sobre los nombres, estoy totalmente de acuerdo contigo, ya que como sabes, me gusta mucho la novela negra sueca, pero a veces me pierdo con tanto fredicson o rotenson o anderson, aunque estos sean fáciles.
Está claro que si quieren darle realismo sueco (ruso en el caso de Metro 2033) tienen que utilizar esos nombres. Pero, ¿no existen unos más fáciles de recordar?.

Y mucha razón tienes con el tema chica (contrapunto o punto), jajajaja.

Saludos

Andreu Romero dijo...

Yo me habría inventado los nombres. "Estación del Té", "Estación Vodka", "Estación Roja"... Anda que no hay donde elegir. Y le hubiera dado más personalidad incluso que los nombres reales. Peeero... eso siempre queda a gusto del autor.

alcorze dijo...

A mí se me ha hecho pesado el libro por todo eso que comentas. El final me ha gustado, me ha parecido bueno.

Supongo que ahora seguiré con la continuación Metro 2034.

Me he descargado ese de El descenso a ver qué tal está.

Un saludo!